martes, 6 de noviembre de 2012

La teta es la leche

No voy a hablar aquí de las virtudes de la lactancia materna porque son de sobra conocidas, pero me gustaría contar mi experiencia por si sirviera a alguien. Mi opinión sobre dar el pecho antes de quedarme embarazada era, literalmente, "algo antinatural". Semejante afirmación ponía los pelos de punta a la mayoría de mujeres a las que se lo comentaba.

Lo cierto era que me faltaba información y me sobraba tontería. Gracias a mi amiga Supermamá y con la lectura del famoso libro "Un regalo para toda la vida" de Carlos González, a medida que avanzaba mi embarazo me iba convenciendo de que al menos, debía intentarlo. 

La lactancia no es fácil, no lo es hasta que no lleva un tiempo establecida y cada cierto tiempo hay momentos de cambios, crisis de crecimiento en las que el bebé pelea varios asaltos con tus pechos, da tirones y se cabrea, parece aborrecerlos y no come y tu te desesperas. Y hasta que ese momento llega el camino es aún más difícil. Sin embargo, mi experiencia es que merece la pena.

Cuando me preguntaban si pensaba dar el pecho contestaba: si puedo, si no hay ningún problema, sí. Pensaba en ese momento que había leído tantas veces, en el que el recién nacido es puesto sobre ti y repta hacia tus pechos y comienza a succionar. Lo importante que es que los primeros minutos esté junto a ti y cómo eso establece la relación y un buen inicio de la lactancia, cuando a los pocos días ya te sube la leche.

¡Y una leche! Los primeros minutos tuve al peque en el pecho y enseguida se le llevaron. Nada más devolvérnosle yo empecé con unos dolores terroríficos en toda la zona vaginal y anal. La colestasis que tuve en el tercer trimestre produce mala coagulación y las heridas de los forceps, episiotomía y otras lindezas me fastidiaron bien. Estuve una semana en el hospital y salí al día siguiente de que me hicieran una transfusión porque me quedé con una anemia de caballo.

Bueno pues allí estaba yo con los dolores de la muerte y decidieron llevarme a quirófano a drenar. Al terminar me vuelven los dolores y piensan que han podido dejarse algo sin "arreglar". Vuelta a quirófano. Sólo pude volver a ver al peque  horas después y nada de ponerle al pecho al principio porque iba cargadita: ración de epidural en la primera intervención y ración de nosequé anestésico en la segunda. Al subir desde reanimación me ponen Dolantina y de esa me quedo flotando y viendo bolitas blancas moverse en la pantalla de la televisión (apagada). Durante todo este tiempo mi marido había estado alimentado al peque a base de fórmula, jeringuilla y dedo, una forma de hacer que el bebé no pierda el reflejo de succión. 

Nuestro hospital es pro-lactancia y tengo que agradecerles a las enfermeras que estuvieron con nosotros esos días por su ayuda a la hora de ponérmele al pecho. Me costó muchas lágrimas que aguantara un rato mamando, ya que nació 3 semanas antes de tiempo y por la colestasis, era pequeñito y flaco, no tenía fuerzas y no podía saltarse tomas. No llegué a tener mastitis pero estuve a punto. De nuevo las enfermeras con su santa paciencia venían a ayudar. Yo llevé vías en los dos brazos para los analgésicos y las transfusiones por lo que la posición que es tan importante para poner al peque al pecho, se me hacía imposible y las agujas me acababan extravasando las venas...Bueno, no quería ponerme tan dramática, la cosa es que fue difícil, algunas enfermeras me insistían y otras me decían, tranquila, en casa ya verás que es más fácil y así fue.

Sí tengo que decir que fui un poco víctima de las presiones externas, tanto para dar pecho y no dar fórmula (como si fuera puro veneno), viendo al bebé tan pequeñajo y si fuerzas para mamar (y yo sacando cuatro gotas con sacaleches y sufriendo como una mona) y sentirme una mala madre, como para dejarlo porque era mucho sufrimiento y llenarme de dudas y de nuevo sentirme una mala madre. Sentirme así no fue culpa de nadie, si no de la imagen idílica que yo me hice de la lactancia. Tengo amigas que decidieron desde el principio no dar pecho y les fue bien a ellas y a sus bebés y sin neuras.

Para mí, después de meses duros, llegó la recompensa y estoy feliz con la teta y el niño. Es algo lleno de ternura que me alegro de haber vivido y estar viviendo. De mi experiencia me quedo con que, aunque sea duro, si dar el pecho es lo que deseas, perseverando y con ayuda se puede, aún con unas condiciones tan adversas como las que yo tuve y que no hay malas madres, ni mejores ni peores, cuando todas buscamos lo mejor para nuestros hijos.