viernes, 14 de diciembre de 2012

Dientes, dientes, que es lo que j***

En casa hago mucho el payaso. Fuera de casa también y ya sabía yo que cuando tuviera un hijo lo daría todo. Bueno para el peque, malo para el papi, que no sabe dónde meterse.

Tantos años de tonterías han servido para llegar a este punto en el que, desde que me levanto hasta que me acuesto, lo mismo te canto que te bailo y si de bailes se trata mi repertorio incluye ballet, samba, algo parecido a la jota aragonesa y el Gangnam Style. Del cómo me pica la nariz al Calor del amor en un bar. Villancicos en verano, jingles de publi obsoleta en invierno. ¿En qué recóndito surco del córtex cerebral se escondía el tema de Moussel, Moussel de Legrain? ¿por qué se manifiesta en este momento? y ¿por qué no se va a su casa si ya son las 3 de la mañanaaa? Y cuando, exhausta y sin más repertorio por estrenar ni reestrenar me da por silbar como Harpo Marx, el enano se desencaja de la risa. ¡Qué humor más surreal el del peque!

Tengo además 14 sobrinos, habéis leído bien, 14. Y se me dan bien, de verdad. El caso es que nuestro Monete lleva desde ayer raro.  Ya sabéis, irritable, mimoso, gruñífero...Los malditos DIENTES.
Tiene una jirafa de bambú que me la vendieron como la panacea, algo así como el Ferrari de los mordedores y al peque le encanta y le consuela y hoy ni eso. Así que me he preparado las mejores canciones infantiles, de ayer y hoy, con coreografía y mímica sonrojante incluidas y nada. Bueno, he conseguido que deje de berrear, pero me mira con una seriedad escalofriante, mirada fija de Harry el sucio y gesto de "a ver ¿de qué vas?". Así 5 canciones seguidas. Para El barquito de cáscara de nuez hasta tengo atrezzo. Éste es más duro que un maestro de canto de conservatorio.

¿Qué tal unos dibujitos animados? Pues ni canciones, ni bailes, ni Mikimauses, ni Baby "Eisensteins". Al final le he puesto al pecho y oye, mano de santo.

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