miércoles, 6 de febrero de 2013

Escuela Infantil y primer Carnaval

Ya ha llegado el temido día de la vuelta al trabajo y de llevar a ese (ya no tan pequeño) trocito de tí a la escuela infantil, mal llamada guardería.

Días, semanas antes, pasé mi particular Vía Crucis pero como ya comenté en otro post, estoy tomando Flores de Bach, preparadas por mi cuñada (gracias L.) y la ansiedad asquerosa se fue convirtiendo en pequeños nervios pero de los buenos. Emoción total ante lo nuevo.

Estreno trabajo, llevo sólo 3 días, pero estoy a gusto. Reubicación en la misma empresa, nuevos compañeros y alguno de los antiguos que hacen más fácil la reincorporación. Pero hablemos del peque.

El Señor Ermo madruga un poco más de lo que estaba acostumbrado, como una horita y los primeros días de escuela, los de adaptación, los lleva bien. Se queda contentísimo (¿es que no nos echas de menos?) y le recojo sonriente y agotado. Esa semana de adaptación, sola en casa, no sabía qué hacer. ¿Duermo?¿Veo una película?¿Me hago la cera?¿Voy a hacer compra?¿Cocino un bizcocho? No, no, sí, sí y casi. El proyecto de bizcocho se desparramó durante el corto trayecto desde la encimera al horno por culpa de un molde mal montado.

Qué estrés y qué ganas de hacer cosas. Pero ¿qué necesidad hay? ¿Si en cuestión de una semana nos han dado un calendario de actividades para la escuela?

Esto me parece fenomenal para los niños pero es mi pesadilla maternal recurrente. También comenté en otra entrada que soy poco handmade. Ideas tengo algunas, pero con estas manitas no puedo hacer milagros. Y primero fue la Fiesta del Invierno. Los niños debían ir vestidos de blanco. Fácil aunque tuve que comprar algo y rebuscar entre la ropa de los primos porque nadie en su sano juicio viste de blanco inmaculado a un infante que regurgita y guarrea por el suelo.

Después vino el Día de la Paz y tuvimos (tuve) que decorar una mano de papel. Relativamente fácil. Fusilé ideas de Pinterest bajo el título "Peace" (pis). Tampoco es como para subir imagen así que lo dejo a vuestra imaginación.

Y por fin este viernes, como una amenaza fantasma, el calendario señala un escalofriante evento, el Gran Desfile de Carnaval. Disfrazar al pequeño no es obligatorio pero me hace ilusión que participe con toda la escuela. Dando unas cuantas vueltas por la red y otras cuantas vueltas a su ropita de él, encuentro inspiración, una vez más, en esa Magna Obra, Star Wars. Primero pensé que con la ayuda de la abuela y unos pantalones color beige podríamos convertir al Señor Ermo en todo un Jedi. Algo así como se ve en esta foto de Charhadas.com



Sin embargo, como el tiempo se me echaba encima y tampoco quería liar a la abuela, se me cruzó en el camino el siguiente trajecito y no me he resistido. Ya es todo suyo y le queda tan fenomenal como al peque de la foto:


Darth Vader, Lord Vader, un pequeño Anakin cuyo lado más oscuro se resume en una rabieta cuando se acaba el yogur. Con la sonrisa que luce de oreja a oreja seguro que acaba dominando la galaxia. Y ya ha empezado conquistando a sus frikipadres.

¡Feliz Carnaval a todas/os!