domingo, 21 de julio de 2013

Ese monstruo llamado crisis...

Acabo de llegar a casa con una tristeza y una rabia enormes. La crisis suma y sigue cebándose en las personas. En el mercado me he encontrado con una de las profesoras de la escuela infantil. Una profesora que también es mamá de un compañero del peque y que algunos días se encargaba de su clase. Dejé de verles un lunes y pensé que estaban de vacaciones porque el Señor Ermo sigue yendo por las mañanas hasta que estemos de vacaciones porque la abuela está convaleciente aún de su operación y no puede cuidarle.

- De vacaciones permanentes - me ha dicho.

No sabía que la escuela fuese mal porque van menos niños. Es generalizado. Padre o madre o en el peor caso ambos, en paro, pues el niño o o niña se queda al cuidado de ellos, no se paga la guarde y la guarde echa personal. Ella me dice, que está pasando en todas, públicas y privadas. Y que hay otras dos profesoras que también van a la calle al final de este mes.

Quiero ponerme a llorar, pero intento aguantar porque ella está echa polvo, nuestros peques están delante sonriendo, ajenos a todo. Me dice que tiene una entrevista el lunes en un pueblo, cerca, y que, de salirle, además tendría un sueldo normal. Cuando le preguntó y  me habla del sueldo tan bajo que tenía yo alucino y me cabreo. Creo que podríamos ahorrar algunas comodidades que la escuela nos da a cambio de pagar mejor a su profesoras. Ellas les cuidan, les educan junto a nosotros, el verles comer y caminar solos ha sido un esfuerzo conjunto y de todo eso hablamos y nos alegramos.

Mi peque da unos pasos y le da un abrazo. Ella ve cómo ha crecido en estas semanas sin vernos.


Nos hacía mucha ilusión que el curso que viene fuera su profesora. Él la quiere con locura, cada día se despedía con un ¡hasta mañana, te quiero!

Pero el curso que viene Patricia no será su profesora.

Mucho ánimo y un fuerte abrazo de cariño y apoyo a todos los profesionales que por culpa de la crisis se ven desempleados, especialmente a aquellos que como Patricia, dedican su labor a algo tan maracilloso como la educación de los más pequeños. Y pobres de nosotros y de nuestros hijos, que por culpa de la crisis perdemos a profesores, maestros y amigos que son tan importantes en nuestras vidas.