domingo, 13 de octubre de 2013

¿Rabietas o posesión infernal?

¿Alguien es capaz de distinguirlas? Lo digo en serio. Hay quien dice que si el niño toma un color rojizo oscuro, adopta posturas contranatura (como arquearse o ponerse rígido) y grita con rabia palabras que no entiendes, estamos ante una posesión.

Hasta su profe de la guarde habla de que está como poseído y yo le digo, sí, sí, eso pensamos nosotros ¿es normal a esta edad no? La posesión, digo...Mientras hago esta pregunta oigo en mi cabeza una voz que dice "sí, es lo normal o puede que mi hijo acabe en Hermano Mayor, pero Pedro García Aguado ya será viejo, entonces se llamará El Yayo Mayor".

Esto empieza a ser como un examen. Un examen cuando voy a buscarle a la guarde, un examen cunado vamos al parque y aún peor, cuando en una ataque de optimismo bajamos al parque de la urbanización, ahí, a confraternizar con los vecin@s y sus niñ@s, es un examen final con tribunal.

Cada día cruzo la puerta de su clase con los típicos nervios de "a ver qué habrá pasado hoy" y me dan el parte de daños (se ha enfadado porque le han tocado un juguete, porque el juguete no se abría, porque no ha querido hacer el trenecito con los demás, etecé etecé...) y le tengo que dar la razón a la mujer: en casa hace igual, pero no le pasamos ni una, de verdad. Que no somos padres permisivos de los que le ríen la gracias al niño cuando se agarra de las cortinas como un mono y las prende fuego.

Ésta soy yo camino de la guarde sabiendo que voy a escuchar que mi hijo es el Anticristo


Y en el parque es otra cosa. En el parque hay muchos juguetes, siempre más atractivos que los que tú le bajas y siempre le atraen los de los más mayores. Los pobres suelen dejárselos porque le ven pequeño pero a la hora de devolverlos a sus dueños el "pollo" está garantizado y quedamos como unos malcriados (hablo en plural porque su "pollo" también es el mío, yo lo siento así) y no sé dónde meterme y quiero que acabe todo rápido pero no puedo ignorar las miradas recriminatorias que parecen decir "seguro que es otra caprichosa, la he visto zamparse las galletas del niño". ¡Señora, que son las cinco y aún no he comido! La salud física y mental se resiente, necesito azúcar en el cerebro para recordar qué coche es de qué niño o en su defecto progenitor: coche rojo - niño camiseta naranja, camión amarillo-niño rubio, excavadora -niño feo (nooo, eso nunca).

Luego en visita es basante obediente y me deja mal de lo bien que se porta, "pero de qué os quejáis si el niño es buenísssssimo" dicen las abuelas.

Finalmente pedimos una tutoría con su maestra y nos ha dado pautas:

 - Decir claramente NO y no contemplar sus rabietas cuando busca llamar la atención con ellas
 - Cambiarle de actividad rápido para que no se recree en su enfado
 - Aplaudir sus buenos comportamientos y animarle a seguir así
 - Que las órdenes sean claras y sencillas para su edad

Las seguimos y van funcionando, pero siempre quedan momentos que no son para un terapeuta sino para un exorcista.